A vueltas con el reglamento

Hace poco que ha salido a la luz la que, probablemente, será la versión casi definitiva del Campeonato de España. También son recientes las discusiones en forobuceo.com acerca de este reglamento y del que tendrá el Open MIMA. En estas discusiones podemos ver una notable disparidad de criterios, lo cual no es en absoluto extraño, antes bien, es lógico y saludable, pero lo que sí me sorprendió son los argumentos que algunos fotógrafos han utilizado para criticar determinados puntos de estos reglamentos:

Edición si, edición no. Este es el punto en el que era de esperar mayor disparidad de criterios, y en parte lo ha sido. Creo que las dos posturas son perfectamente válidas, pero me decanto por la NO edición por varios motivos. El primero es la extrema dificultad que tendría delimitar en un reglamento lo que está permitido y lo que no está permitido “editar”: por mucho que se escriba acerca de ello, podría convertirse en una fuente inagotable de conflictos sobre la interpretación de lo que se puede o no hacer. Adicionalmente, requeriría muchos más medios, material y humanos, para poder llevar a cabo la edición y la supervisión de la misma. Claro que se podría optar simplemente por no poner límites (se podrían hacer correcciones selectivas, clonar o eliminar sujetos, etc.), pero entonces estaríamos más ante un concurso de edición artística, que ante uno de fotografía. Respeto a los que les guste la idea, pero conmigo que no cuenten.

Veo una solución intermedia que puede ser interesante: trabajar exclusivamente con ficheros RAW y permitir la edición exclusivamente a través de un interpretador RAW (no habría que limitar funciones, o solo habría que limitar algunas como el reencuadre, fáciles de controlar). Este sistema me parece bien y una buena opción para el futuro, pero en la actualidad no me parece oportuno excluir de las competiciones a aquellos fotógrafos que carecen de cámaras capaces de grabar en formato RAW.

Limitación en el número de fotos. Aunque sea igualmente comprensible la diversidad de posturas, aquí si que tengo que reconocer que me han sorprendido la originalidad, e incluso fantasía, de los argumentos esgrimidos. Se llevan la palma en este sentido quienes ven en esta limitación una especie de conjura para penalizar a los fotógrafos “compactos” en favor de los “Réflex”. Con todos mis respetos hacia los argumentadores, eso parece el Código Da Vinci de la fotosub.

Lo cierto es que tengo con frecuencia la sensación de que cada fotógrafo desea unas normas que se adapten al modo en que ellos hacen fotografía submarina… y nada más. Si no lo son, es que van contra ellos (y por tanto a favor de algún otro). Muchas veces parecen olvidar, o al no asistir a competiciones nunca lo han sabido, que una de las primeras premisas de una competición es intentar asegurar, en la medida de lo posible, que ningún participante pueda saltarse el reglamento y “hacer trampas”. Pues bien, la utilidad que yo le veo a la limitación en el número de fotos, a que no se puedan borrar las imágenes realizadas y su numeración sea consecutiva, a llevar la hora correcta en la cámara y a tener que sacar fotos “testigo” al principio y al final de cada inmersión, es que hacen mucho más difícil que un participante sin escrúpulos pueda burlarse de todo los demás colando imágenes que no son de esa inmersión. Me sorprende que se hayan expuesto tantas teorías para atacar o defender esta limitación y ninguna haya tenido que ver con que es una medida “anti-trampas“. Adicionalmente, limitar el volumen de datos que debe almacenar y controlar la organización permite que esta pueda llevar a cabo su trabajo con menos medios materiales (y no todas las organizaciones disponen de grandes medios).

Cualquiera es libre de ver en las limitaciones que imponen los reglamentos una conjura en su contra, o de pensar que son debidas a la ignorancia que, sobre el medio digital, deben tener esos “viejos fotógrafos que usaban película”. Pero, quizás deberían pararse a pensar que algunas de las personas que hacen estas normas tienen amplia experiencia organizando competiciones y/o participando en ellas, y que por tanto conocen cuales deben ser las prioridades a tener en cuenta y como cumplirlas en el plano práctico (el real, no el de la teoría, y mucho menos el de la utopía). Luego las normas resultantes pueden gustarnos más o menos, y por supuesto que son criticables, pero ver en ello que el reglamentador pretende favorecer a una clase de cámaras (¡Incluso a una MARCA de cámaras!, como se puedo leer en este hilo) me parece un exceso.

Posted by Carlos Minguell

Fotógrafo submarino profesional

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